La Calavera

La Vida, el Universo, y todas las cosas

  • No mas Sangre

    No mas Sangre

  • Categorías

  • Archivo

  • Mas leídos

  • RSS Recomendado

    • Ha ocurrido un error; probablemente el feed está caído. Inténtalo de nuevo más tarde.
  • Banners

    WordPress

    Get Firefox

    Get Thunderbird

    Ubuntu - Linux for Human Beings

    Fotograf�as del Corsario Negro en Flickr

    The Hitchhickers Guide to the Galaxy

    Dilbert

Ficción: El último obstáculo

Posted by El Corsario Negro en 2011-06-13

En esa noche de otoño el frío del bosque era húmedo. Un frío que helaba el sudor en la piel y provocaba las malignas fiebres que lo mataban a uno, pensaba el padre mientras se calaba el sombrero y se ajustaba el gabán que lo cobijaba.
Allá, al alcance de la mano, sobre el horizonte, estaba la ciudad, eternamente lejos, como un espejismo el cual sabia nunca podría alcanzar, por mas cerca que aparentara estar.
Ya había terminado el veloz “consejo” con sus “confesores”, como el los llamaba. Padres e idealistas como él, dos viejos amigos y un recién conocido el cual solo podía describir como un “espíritu afín”, simpático y de confianza desde el primer momento. Ya ninguno joven, vio a sus tres amigos tratar de calentarse en la fogata. Ojalá ninguno enfermase. Una guerra es un muy mal momento para enfermar.
Terminada su conferencia todos aguardaban en silencio la llegada de los capitanes, el grupo de oficiales que se habían revelado con ellos, que habían mandado a llamar. El sabia que nos les agradaría su decisión, ni la orden de retirarse de un campo de batalla donde habían sido victoriosos, de una ciudad que ya daban por suya, de una guerra que daban ya por ganada, y de una independencia que soñaban ya consumada.
No agradarles era un eufemismo. Iba a necesitar toda su fuerza de carácter para imponerles su voluntad, pero confiaba en el señor y en su capacidad para hacerlo. Tenía que demostrar que era el Capitán General de ese ejército, y sus órdenes debían ser obedecidas.
Esa ciudad, en el horizonte. Parte de el sabía que nunca volvería a estar tan cerca como en ese momento. Lo atarían legos de allí, y no habría razón de llevarlo, ni vivo ni muerto. Esa ciudad, esa victoria, esa independencia, ese espejismo que esta noche se reusaba a perseguir sin una posibilidad real de alcanzar.
Y sus “confesores” estaban de acuerdo, con la misma tristeza y fatalismo que embargaba su propio corazón. No estaban listos. En caso de avanzar no lograrían una revolución, sino un saqueo y degüello en el caso de que tomaran la ciudad. El costo sería enorme para ellos, terrible para los defensores e inaceptable para él. No se volvería un nuevo Robespierre, asesino de la nación que quería liberar. Así fuese su vida, y la vida de todo su ejercito, no sacrificaría sus almas a cambio de un espejismo de una libertad temporal ganada a través del asesinato de una ciudad entera.
La llegada de media docena de capitanes llamó su atención lejos de sus reflexiones, y tomando una pose marcial correspondiente a su cargo abrió con órdenes:
– Como Capitán General del Ejercito he decidido que mañana a primera hora nos dirigiremos por el rumbo de Toluca, y nos fortificaremos contra el contraataque de nuestros enemigos.
No había razones para abrir un diálogo o invitar a un debate. El sabía lo que tenía que hacerse, y ahora era cosa de forzar a los capitanes a llevarlo a cabo.
Observó a la luz de las llamas, las mandíbulas tensandose y los puños cerrase con fuerza. Sin embargo no hubo ninguna queja inmediata, solo miradas furiosas y penetrantes.
¿Sería que ellos también habían entendido por que debían replegarse habiendo ganado la batalla y quizás la guerra? ¿Había triunfado su entrenamiento y disciplina militar? ¿Por que no decían nada?
Ya toda la tarde habían manifestado, con vehemencia, su desacuerdo con la mera sugerencia de continuar el avance hacia la ciudad. ¿Por que ahora no decían nada?
El capitán, jefe y caudillo de todos ellos, con voz grave y triste, sin enojo aparente, le increpó:
– Padre, ¿Está seguro de esa decisión? ¿Hay forma de convencerlo de cambiar su opinión a este respecto? ¿Aceptaría nuestro consejo en este asunto militar?
El padre contesto manteniendo la posición y fuerza en la voz.
– Su consejo ya lo he recibido y tomado en cuenta, y la decisión ha sido tomada, ahora solo requiero de ustedes que lleven a cabo sus órdenes.
El capitán dejo ver un instante de tristeza en sus ojos, antes de erguirse como el padre no lo había visto hacer en mucho tiempo, desde la madrugada cuando había empezado su aventura libertaria.
– Teniente – dijo con voz de mando sin dejar a ver al padre – ya tiene sus órdenes, por favor llevelas a cabo.
De entre los oficiales el Teniente Coronel, gran amigo del capitán, y su compañero desde el inicio de la insurrección, dio un paso al frente de los demás y levanto su brazo, la mano a la altura del pecho.
El padre se sorprendió al ver una pistola en ella. No pudo decir nada, y su cuerpo cayó hacia atrás sin perder el rictus de asombro, el pecho destrozado por el disparo a bocajarro.
Otros disparos mas terminaron con los demás curas en menos de medio minuto.
– Señores, ya saben que hacer. Avisen a la tropa del asesinato del padre por parte de una partida de realistas, de como asumo el cargo de Capitán General, y de como mañana vengaremos su muerte al tomar la ciudad.
Los oficiales a su alrededor sonrieron, las llamas de la fogata reflejándose en sus ojos fieros.
– La independencia es nuestra, ¡Vamos a por ella!
Los oficiales emitieron gritos y vivas de apoyo. La independencia sería de ellos.
Ya no había nadie mas que pudiese detenerlos.

2 comentarios to “Ficción: El último obstáculo”

  1. Buena, buena, quizá menos claro para tus lectores de países más lejanos, pero se aprecia que omitieras los nombres en favor de claras similitudes.
    Y ya ve, poniéndole más acción a algo eminentemente introspectivo la lectura se facilita mucho.
    Siga con el buen esfuerzo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: